Klopp, solo ante el peligro

Claro que necesito tu ayuda, pero no quiero comprarla, tiene que salir de ti.

Un tren que haría que su vida cambiase para siempre se acercaba, pero ellos no lo sabían. Eran felices, la vida les sonreía, las cosas iban según lo planeado.

Will Kane, papel interpretado de forma inolvidable por Gary Cooper, se acaba de casar y lo tiene todo preparado para continuar el resto de su vida junto a su nueva esposa. Ya nunca más volverá a ser sheriff, ni a controlar una ciudad que está a punto de dar el salto a la modernidad que se abre paso por Estados Unidos.

Jürgen Klopp pasó siete años inolvidables en el Borussia Dortmund, donde ganó cinco títulos, dos Bundesligas incluidas. Incluso metió a su equipo en una final de la Champions, en la que cayó frente a sus compatriotas del Bayern de Munich. Dejó el recuerdo de un fútbol exquisito y la resurrección de un viejo gigante. Se disponía a darse un respiro.

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Pero el tren está a punto de llegar, para los dos.

Frank Miller, un viejo forajido y conocido de Will Kane, está a punto de hacer acto de presencia en la ciudad. Su objetivo parece claro: vengarse de la persona que una vez le metió en la cárcel. En el otro tren, el que espera el histriónico alemán, llegan la responsabilidad y la historia. Las ganas de una afición y la presión de una directiva y una ciudad cansada. Juzguen ustedes cuál les parece más peligroso.

No voy a contar más de la película, para quien no la haya visto (hombre, por favor…) lo mejor será que la consigan y la disfruten. Pero el título de la cinta, así como el de esta entrada, es bastante elocuente. Jurgen Klopp llegó al Liverpool en el año 2015, con la temporada ya empezada, dispuesto a enfrentarse a lo que fuera que llegara por esas vías.

Imagino que pensó que todos ayudarían en la titánica tarea que le esperaba. Y es que devolver la gloria antaño perdida a los “reds” se antoja un trabajo para mucha gente. Pero se encontró con Mignolet, un portero irregular donde los haya, capaz de lo mejor y lo peor. Una defensa catastrófica, un centro del campo intrascendente y una delantera sin pólvora. Sus estrellas, de un brillo menor.

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A algunos les pediría ayuda y se la ‘negarían’, caso de Coutinho. A otros directamente les diría que no hacía falta su aportación, véase Benteke. También se encontraría con gente que no esperaba tanto, pero aportaría su granito de arena, como Firmino. Pero en esencia está él solo, tratando de arreglar algo que ni siquiera sabe si tiene arreglo.

El tren, si todo va bien, aún tardará en llegar. Puede que vengan refuerzos en forma de fichajes (tendrá que ser en verano, ahora intentó fichar al brasileño del Shakhtar Alex Teixeira, pero no pudo ser), o puede que sus jugadores se lo piensen y decidan dar un paso adelante y ayudar mucho más de lo que ahora hacen. Quizá lo que viene en el tren se lo trague, o decida abandonar la tarea viendo que es imposible hacer frente a la situación. Sinceramente, esto último no creo que pase, no es Klopp ese tipo de hombre.

Por lo pronto, su equipo acaba de caer 2-0 contra el Leicester, su temporada sigue siendo una montaña rusa. Tan pronto parece que él es el hombre como todo sigue igual. Ahora mismo el Liverpool es octavo, a once puntos de la Champions League.

No sabemos que va a pasar, solo sabemos que un hombre que iba a pasar unas merecidas vacaciones decidió que tenía que ser él quien diera un paso adelante y solucionar los problemas. Lo consiga o no, nunca se le podrá tachar de cobarde ni acusarle por no intentarlo.

Pablo Manteca