La sonrisa que nos iluminó a todos

Muchas ocupaciones me han mantenido alejado de la página, hacía mucho que no escribía, pero tú mereces que saque tiempo, mereces eso y más.

Ayer se apagaba la vida del pequeño Bradley Lowery, a los 6 años de edad el pequeño guerrero fan del Sunderland nos decía adiós, su cuerpecito no pudo resistir más, luchando desde los 18 meses, cuando le diagnosticaron la terrible enfermedad.

Neuroblastoma, maldita palabra, una palabra que no había escuchado en mi vida y que ahora ya no se me olvidará nunca, por ti y por tu historia, neuroblastoma, un tipo de cáncer del sistema simpático que afecta a uno de cada 7.000 niños que nacen en el mundo. Fuiste muy fuerte pequeño Brad, pudiste con ella, te lo diagnosticaron en 2013 y lo superaste, sin embargo el cáncer regresó, y cuando el neuroblastoma regresa suele tener un fatal desenlace.

Te conocimos el pasado año, y a mí me ganaste desde el minuto uno, tus fotos en Facebook eran duras, ver a una personita anclada en una cama de hospital rodeado de cables y sondas es algo que duele, sin embargo, por encima de las sábanas de hospital, de las sondas y de los aparatos médicos, irradiabas vida, esos ojitos vivarachos y sobre todo esa sonrisa, una sonrisa capaz de iluminar el lugar más oscuro del mundo.

Conseguiste que todos los seguidores de cualquier equipo en cualquier país te quisieran, conseguiste marcarle un gol al guardameta del Chelsea Begovic y que la Premier League lo declarase como el mejor gol de diciembre en 2016, nunca hubo tanta unanimidad como en la concesión de ese premio, conseguiste que viésemos que los futbolistas son personas, más allá de los flashes de las cámaras, de los contratos multimillonarios y de las excentricidades. Tu historia de amistad con el delantero internacional de “tu” Sunderland, Jermain Defoe nos recordó lo que es, o debe ser el fútbol, fuisteis (sois y seréis siempre) los mejores amigos, que un futbolista famoso pase una noche durmiendo contigo en el hospital, que cuando vuelve a la selección inglesa tras 3 años y medio salga al campo contigo en brazos o que cuando se presenta con su nuevo equipo esta temporada, se eche a llorar cuando habla de ti es muy grande, y nos reconcilia con nuestra humanidad, un concepto que por desgracia, se nos pone en duda con bastante asiduidad debido a las cosas que vemos que suceden a nuestro alrededor.

Hoy el mundo es un lugar peor sin Bradley Lowery, pero me quedo con tu legado, con tu grandísima lección de vida, nos enseñaste que pase lo que pase, siempre hay un motivo para sonreír.

Descansa pequeño, hasta siempre.

 

Aitor Alexandre