Never say never

Con 10 bajas por lesión y sanción y un 0-2 en contra; con estas dos piedras en la mochila el Manchester United viajaba a París. Un partido al que muchos lo catalogábamos como misión imposible para un United que necesitaba un milagro para clasificarse para los cuartos de final de la Champions League. Y así fue, el milagro se obró en el Parque de los Príncipes.

Solskjaer salió con un 4-4-2, con Eric Bailly de lateral derecho; ahora hablaremos de él. El fútbol a veces te da muchas cosas, incluso cuando menos te lo esperas. Después de un error de Kehrer, la presión de Rashford y la buena definición de Lukaku; el United se encontraba en un contexto ideal en el minuto 2 de partido. Tras esto, el plan defensivo de Solskjaer empezaba: cerrar el carril central. Pero cuando uno prioriza un aspecto, se olvida de los otros; y así fue: el PSG encontró, por su carril izquierdo, una vía ofensiva más que efectiva. El triángulo que consiguieron formar los de Tuchel fue clave: Bernat y Di María como protagonistas, y Verrati teniendo mucha presencia en esa banda. Con esto, y con la imprecisión y desubicación de Eric Bailly, el PSG apretó, y mucho, por ese carril.

Nunca pensé que podría decir esto, pero qué bien le vino la lesión de Bailly al United. Con la entrada de Dalot, las incorporaciones de Bernat al ataque se vieron reducidas. Los de Solskjaer ganaron mucho en seguridad defensiva y tuvieron un poco más de fluidez en la salida de balón. Y no sólo esto, el United, con Dalot, ganó profundidad y determinación. Clave.

El segundo regalo caído del cielo, cayó en los pies de Lukaku, otra vez. Un error de Buffon y el saber estar del belga dejaba todo abierto para la segunda mitad. Un 1-2 que, visto lo visto, ni los más optimistas apostaban por ello. Porque el United esperó muy replegado atrás, muy juntos en todas sus líneas, aguantando el chaparrón de juego y dominio del PSG; y, cuando se le presentó la oportunidad, con dos zarpazos metió dos goles. Así, sencillo.

El plan de Solskjaer se iba modificando con el paso de los minutos y dependiendo del contexto en el que se encontraba. El United llegó a estar con un 5-4-1 y después volvió al 4-4-2 con Chong y Greenwood, no quedaba otra cosa. Los minutos iban pasando, y los fantasmas de las dos últimas temporadas sobrevolaban París. Los de Tuchel aguantaban los tímidos arreones que tenía el United y, tras un disparo de Dalot, todo cambió. Los de Solskjaer tenían la oportunidad de clasificarse a cuartos de final desde los 11 metros, y Rashford no falló.

Solskjaer trabajó y estudió el partido, creyó como el que más y ofreció sus cartas sobre el césped. Unas ‘cartas’ que quedarán para la historia del Manchester United. Porque ayer, el fútbol nos volvió a demostrar que está muy loco, que en 90 minutos puede pasar de todo, por eso digo: NEVER SAY NEVER.

Albert Quera