Cuando las mujeres dominaron el fútbol

El primer partido de fútbol jugado exclusivamente por mujeres en tierras británicas está registrado en mayo de 1881 en Edimburgo. En aquel encuentro, un once representativo de Escocia, considerado el primer equipo de fútbol femenino británico de la historia, ganaba 3-0 a Inglaterra.

El conjunto, que había sido formado por Helen Matthews, deportista y sufragista escocesa, acabaría conociéndose como Mrs. Graham XI. Todo ello debido a que practicar el fútbol no es que fuese una actividad muy segura en la época para las mujeres, por lo que la mayoría de ellas utilizaban pseudónimo. Helen Matthews, portera aquel día en Edimburgo, era habitualmente conocida como Mrs. Graham.

Aunque las primeras investigaciones históricas que se tienen sobre un partido de fútbol jugado íntegramente entre mujeres nos trasladan hacia 1792, documentos de la Iglesia fechados en 1628 hablan de un encuentro de algo muy cercano al fútbol practicado en Carstairs, una fecha muy lejana del primer partido registrado por la Federación Escocesa, que tuvo lugar en Glasgow en 1892. De él se dijo que: “Fue el espectáculo más degradante que jamás se ha visto relacionado con el fútbol”.

En Inglaterra el primer partido registrado data de 1895 y allí fue también donde, un año antes, se conformaba uno de los primeros (y mejor documentados) equipos femeninos de Europa. Para entonces, la era Victoriana y su férrea moral vivían un lento proceso de agonía, y aunque nuevas puertas se abrían para la mujer, otras continuaban cerradas a cal y canto. Si bien algo se avanzaba en el tema del divorcio y la custodia de los hijos y, sobre todo, contra la violencia doméstica -la primera señal de protección legal a la mujer contra este tipo de abuso llegó en 1853-, Inglaterra se encontraba aún sumergida en un océano de tabúes culturales sobre la moralidad, el cuerpo y la sexualidad.

Pronto esos tabúes iban a encontrarse con una mujer que tomaba plena conciencia de su nuevo rol tras la Revolución Industrial y su incorporación al trabajo en las fábricas, más allá de las labores del hogar a las que era destinada, pero sobre todo por el incipiente calado que tendrían las ideas feministas en la clase media y la progresiva apertura de escuelas para mujeres que ayudarían a su educación y que liderarían en 1897 la formación de los diversos grupos de militantes sufragistas.

El capitalismo que había aniquilado el concepto de tiempo libre se topaba con la Bank Holidays Act de 1871, que fijaba un número anual de fiestas nacionales y que sería el paso previo a la exigencia popular de la jornada laboral de ocho horas. Fechas señaladas como el Lunes de Pascua, Navidad o el Boxing Day, favorecieron el crecimiento de la industria del ocio, en la que los musicales, el teatro o el deporte, tuvieron mucha importancia.

El progresivo aumento de mujeres en los partidos de fútbol, deporte que comenzaba lentamente su popularización, conllevó que muchas de ellas se interesasen en su práctica hasta el punto que los órganos rectores vigilaron los estándares de los partidos con respecto a la violencia en el juego para hacerlos socialmente más aceptables para la mujer. Una fachada que no tardaría demasiado en derrumbarse.

El advenimiento del Reformismo introdujo las primeras ideas para la formación del movimiento feminista, que encontró parte de su inspiración en el English Woman’s Journal, al mismo tiempo que el crecimiento imparable de las fábricas llevaba más oportunidades laborales y las universidades comenzaban a admitir a mujeres en sus programas de licenciaturas. A partir de la década de 1890, la mujer va avanzando en sucesivos frentes para entrar en la era eduardiana totalmente activa, consciente, luchadora y resilente.

Para entonces, Nettie Honeyball había abierto la veda. A su anuncio enviado al periódico Daily Graphic para reclutar personas interesadas en formar un equipo de fútbol habían contestado 30 mujeres. Bajo el patrocinio de Lady Florence Dixie, una excelente deportista, pero también una escritora y feminista que ya había organizado una serie de partidos de fútbol femenino de carácter benéfico, se funda el 1 de enero de 1895 el British Ladies Football Club. Su primer entrenador fue Bill Julian, por aquel entonces en las filas del Tottenham.

Para su debut, el 23 de marzo de 1895 en Crouch End delante de 11.000 espectadores, el equipo se dividió en dos secciones, norte y sur. El norte se llevó la victoria por 7 a 1.

Las reacciones no se hicieron esperar. Fueron de la estupefacción de aquellos que seguían anclados en la estricta moral victoriana, a la censura y la burla de la prensa. Con todo ello, el British Ladies Football Club se embarcó en un tour que duró cerca de dos años y en el que jugaron alrededor de 100 partidos. Lady Dixie acentuó aún más su discurso, llegando a declarar que veía el fútbol como un elemento más de subversión, vaticinando que llegaría el día en el que sería tan popular con mujeres como con hombres.

La progresiva decadencia de actividad del British Ladies Football Club llevó a la práctica desaparición del fútbol femenino hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial y el llamamiento nacional de Lloyd George, Secretario de Estado para la Guerra. El político instaba a las mujeres a trabajar en las fábricas, sobre todo dentro de la industria pesada, mientras los hombres estaban en el frente.

Del descanso en las fábricas surgieron los primeros enfrentamientos entre equipos formados exclusivamente por mujeres, el primero registrado en 1916 en una fábrica de Ulverston en Cumbria.

El club más destacado de la época fue, sin duda, el Dick, Kerr’s Ladies, fundado en Preston en 1917 por mujeres empleadas en la Dick, Kerr & Co., una compañía dedicada a la fabricación de munición para la guerra. El club, que existió durante 48 años, gozó de un increíble éxito desde que se enfrentaran al Arundel Coulthard Factory en las Navidades de 1917 delante de 10.000 espectadores. Con más de 828 partidos en sus botas, las Dick, Kerr’s no tardaron en jugar una serie de partidos internacionales e iniciar una gira por Estados Unidos y Canadá en medio de una ferviente lucha feminista en Gran Bretaña que terminó con el reconocimiento del Parlamento británico el 6 de febrero de 1918 del derecho al voto de las mujeres mayores de 30 años.

La senda abierta por las Dick, Kerr’s, que llevaron al fútbol a cotas que el hombre todavía no había alcanzado, propició la conformación de otros clubes y, por supuesto de diferentes trofeos. El más importante de todos fue el Tyne Wear & Tees Alfred Wood Munition Girls Cup, pomposo nombre por el que se conoce a la Munionettes Cup, un torneo lanzado para las mujeres empleadas en las fábricas de munición. La Copa tuvo a las Blyth Spartans como sus primeras ganadoras, un equipo que nunca conoció la derrota tras 30 partidos y que tuvo a Bella Raey como una de sus estrellas.

Pero no todo iba a ser perfecto. El éxito de las Dick, Kerr’s Ladies provocó que la Football Association prohibiese el fútbol femenino el 5 de diciembre de 1921. Sobre el papel, las razones de la prohibición se basaban simplemente en que las mujeres no estaban físicamente preparadas para jugar al fútbol. En la práctica, el motivo del veto tenía que ver con la popularidad de las Dick, Kerr’s y la inspiración a otros clubes y una incipiente amenaza a lo que se consideraba un juego de hombres. El equipo de Preston, que había logrado reunir a cerca de 53.000 espectadores en Goodison Park y que solía congregar más audiencia que algunos partidos de fútbol masculino, veía como el crecimiento del fútbol jugado por mujeres se paraba en seco.

Ni siquiera la formación de la English Ladies’ Football Association Challenge Cup, inmediatamente después al decreto de prohibición, tuvo el impacto deseado. Con un trofeo de plata donado por Len Bridgett, primer presidente de la Asociación, 24 equipos conformaron su primer torneo, que arrancó en la primavera de 1922 y que se llevaron las Stoke Ladies. Pero el daño ya estaba hecho. Los campos que estaban bajo el mando de la FA, y que eran los únicos en los que los equipos femeninos podían congregar a la audiencia que movían en aquella década de 1920, eran territorio vedado. De esta manera, los equipos de mujeres se vieron relegados a campos más pequeños, de menor capacidad y, por supuesto, con menos medios y la exposición necesaria para una buena publicidad. La decadencia estaba servida y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento y popularidad del fútbol masculino y la dura posguerra no hicieron sino acrecentarla.

El interés suscitado por el Mundial de 1966 celebrado en Inglaterra, llevó a la formación de la English Women’s FA y al levantamiento de la prohibición de la FA en 1971, 50 años después. Probablemente sin ser conscientes del perjuicio que habían causado al deporte femenino gracias al veto, el fútbol se levantó inmediatamente, comenzando en la temporada 1970-71 la denominada Mitre Challenge Trophy, que reunió a 71 equipos, y que hoy se conoce como FA Women’s Cup.

Aunque todavía a mucha distancia del fútbol practicado por hombres, el deporte femenino ha logrado levantarse, poco a poco, otra vez. Más de 130 años después de que Mrs. Graham alineara su once de gala para medirse a Inglaterra en Edimburgo, las mujeres siguen calzándose las botas para saltar al césped. Con más o menos acierto dependiendo del país, en Gran Bretaña ha ido estableciéndose poco a poco todo un verdadero sistema alrededor del fútbol femenino, paradójicamente el mismo deporte que fue repudiado cuando alcanzó su cima y no solo se puso a la altura del fútbol jugado por hombres, sino que lo superó.

 

Álvaro Ramírez

(Lee el texto original en el blog de Álvaro Ramírez, England Calling)