Un oasis en Old Trafford

El Manchester United puso fin a su temporada con una derrota ante el Cardiff. El conjunto de la ciudad galesa, ya descendido, venció por 0 – 2 a un United que ya no se jugaba nada.

Resultado de imagen de mason greenwoodEl último partido en la 18/19 es el reflejo vivo de la situación actual del club. Un grande venido a menos que sigue viviendo en su particular oasis. El equipo de Solskjaer cayó en lo que tenía que ser una pequeña fiesta para la afición. La única nota positiva que nos dejó el encuentro fue el debut de Mason Greenwood. El canterano se convirtió en el jugador más joven en debutar con el United en Premier League a sus 17 años y 223 días. Generación del 2001 y uno de los grandes talentos en la última década.

El fútbol no entiende de pasado y, a veces, ni si quiera de futuro. El fútbol es presente, y el presente del United es negro. Desde la salida de Sir Alex Ferguson desde el club se ha hecho todo mal. Primero confiar en una plantilla gastada, agotada, y debilitada con la salida de la vieja guardia. Segundo, creer que la clave del éxito eran las prisas. Y tercero, gastar todo lo posible para confeccionar una plantilla de escasa calidad. Una plantilla donde pocos jugadores podrían ser titulares en los rivales directos.

Tras los fracasos de los proyectos de Moyes y Van Gaal, llegó José Mourinho con la idea de un proyecto ganador. Y el luso lo logró. Con Mourinho el United volvió a protagonizar portadas positivas, a pisar finales y a soñar con escenarios imposibles. Imposibles porque en la segunda temporada el luso sacó un rendimiento superior a las posibilidades de la propia plantilla. Y eso que Pogba no estaba cómodo. Así es José.

La tercera temporada, la maldita, hizo honor a su mala fama. Mourinho fracasó, y lo hizo estrepitosamente. Juego rácano, vestuario roto y plantilla sumamente mermada. Aunque, eso sí, Mourinho ya dejó entrever en verano que algo fallaba. El luso se quejó de la falta de fichajes y de la falta de tiempo para preparar la temporada. La llegada de Solskjaer solo fue un telón de positivismo que, como todo lo falso en la vida, se acaba cayendo por su propio peso.

En París el United firmó una noche mágica. Pero poco a poco la nueva gasolina noruega se fue apagando. El efecto Solskjaer se frenó ante el Arsenal, reventó frente al Wolves, y tocó suelo en Goodison. Mientras que en los primeros 17 partidos Ole ganó 14, empató dos y perdió uno; en los últimos 12 que precedieron a París, Ole solo ganó dos encuentros. Unas cifras paupérrimas que bajaron de golpe a un equipo que vivía en su Oasis.

Con Solskajer el United tocó el cielo y besó el infierno. Respiró entre los grandes y volvió al lugar que, en realidad, nunca abandonó. El camino de la mediocridad ha sido el camino de las malas decisiones. Fichajes con sobrecoste, salarios infames por encima del rendimiento en el campo, y una falta total de preparación a la salida de Sir Alex.

Seis años después, el club todavía está intentando sentar unas bases. Y, por desgracia, se sigue hablando de ganar. El fútbol no entiende de pasados, y tampoco de cortoplacismos. Solo entiende de proyectos que se trabajan de la manera correcta, y eso, en Old Trafford, por ahora no existe. Mientras la directiva suspira por volver a ser un grande, el club vive en un oasis. Aunque, a veces, los oasis en los desiertos no son más que una mera ilusión óptica.

 

Xane Silveira