Klopp es Anfield

Liverpool es peculiar, una plaza con sabor a fútbol y de profundas raíces obreras. Los reds no siempre fueron temibles, de hecho, no siempre fueron reds. Tuvo que llevar un tal Bill Shankly en 1959 para dotar de títulos y sobre todo, de identidad al club. La leyenda de Anfield y su ambiente mágico se cimenta en él.

El Liverpool no pasaba por su mejor época, hundido en la segunda división trataba de sobrevivir. El escocés criado en un pueblo minero lo cambió todo. Con su saber hacer táctico, pero sobre todo con su saber decir emocional, dotó al Liverpool de ese orgullo y esa garra por la que ha destacado desde entonces. De hecho, suya fue la idea de que el equipo vistiera completamente de rojo por el efecto psicológico que generaba en sus rivales. El resto es historia, ganó en 3 ocasiones la liga, obtuvo 2 FA Cup y 4 Community Shields. En Europa una Copa de la UEFA y una final de Copa de Europa lo amparan.

Pero hay más. Shankly era parte de una familia de 10 hermanos que había pasado bastantes necesidades durante su juventud. Políticamente era afín al socialismo y eso en una ciudad como Liverpool hizo que supiera dirigirse a los hinchas, obreros en su gran mayoría. Shankly supo apelar a su orgullo de clase para entroncarlo con el orgullo red.

El tiempo pasó, Shankly se convirtió en leyenda, Anfield en uno de los templos del fútbol y el Liverpool en el grandísimo club que conocemos todos.

La historia es cíclica, si no aprendemos de ella estamos condenados a repetirla. En Liverpool lo sabían y tras 10 años de travesía en el desierto, con un equipo cada vez más desnortado y alejado de lo que lo había hecho grande llegó el. Llegó Jurgen Klopp.

Klopp dotó de armas al equipo de Anfield, pero sobre todo recuperó el orgullo de un equipo y de una afición que nunca dejó sólo a su club, mas necesitaba volver a sentir que los 11 chicos vestidos de rojo, eran sus chicos, que los representaban contra viento y marea.

Llegó el heavy metal y Europa se maravilló del juego vertiginoso, sello del técnico teutón. Después llegaron más fichajes y la pausa, una pausa que hizo que nos divirtiéramos menos, pero que nos regaló un equipo casi invencible y devolvió la Champions League a las vitrinas de Anfield.

Lo más importante, al igual que con Shankly, es que Klopp –curiosamente también un hombre de izquierdas– fue el canalizador entre la energía de la afición y los futbolistas. Es como si en lugar de haber nacido en Stuttgart, se hubiera criado a orillas del río Mersey. Jurgen entendía a la ciudad de Liverpool y Liverpool se rendía al germano. Era uno de los suyos.

Shankly y Klopp. Ambos lo entendieron, ambos nacieron para entrenar a los reds y ambos, como dice el pedestal de la estatua en honor a Shankly en Anfield, hicieron (y hacen) feliz a la gente.

 

Aitor Alexandre