Danny Ings, amigo del gol

Resiliencia. Cuantísimos nombres y cuantísimas historias se nos vienen a la cabeza al escuchar esta palabra. Una de ellas, seguro, es la de Danny Ings; el Tévez de Hampshire, que ha sufrido como pocos para llegar a ser ídolo absoluto en una temporada tan convulsa y extraña como esta. Ídolo de su afición, ídolo de los enamorados del fútbol inglés, enemigo de los defensas y porteros rivales, y, sobre todo, amigo, muy amigo, del gol. Hablemos de Danny y su historia.

Winchester, en el condado de Hampshire, es una ciudad británica donde las haya. Allí se expone la, supuesta, mesa redonda artúrica. Cuenta con 35.000 habitantes y con una preciosa catedral que mezcla el estilo normando con el gótico y donde, además, se encuentran los restos de la famosísima novelista Jane Austen. Ciudad donde se respira fútbol, y eso que el equipo de la localidad, el Winchester City, se encuentra en el grupo 7 de la “Non League Division 1”.

Hasta allí nos desplazamos para conocer los inicios de nuestro protagonista, la ciudad en la que nació en el año 1992, y donde pasó sus primeros años Danny Ings. El futbolista pronto se incorporó a las categorías inferiores de su actual club, el Southampton, donde completó su formación y se forjó como el futbolista que es hoy.

Terminaría debutando como profesional, no con los “Saints”, si no con el Bournemouth, en octubre de 2009, tan solo nueve meses después de la llegada de Eddie Howe al banquillo “cherrie”. Tras unos meses donde continuó creciendo como jugador y un pequeño periplo en el Dorchester Town F.C como cedido, en febrero del 2011 vería puerta por primera vez vistiendo la elástica del Bournemouth.

Danny Ings, segundo fichaje del Liverpool - Proyecto Premier

En agosto de 2011, llegaría a Burnley, eso sí, faltaban algunas temporadas para que Sean Dyche se hiciese cargo de la gestión del equipo. En febrero del año siguiente convirtió por primera vez con los “Clarets”. Curiosamente eligió el día 14, día de los enamorados, para hacerlo. Un claro guiño de lo que ha supuesto, supone y supondrá su relación con el gol en su carrera. El verano del 2013 el club sufrió una baja sensible, la pérdida de Charlie Austin -el delantero titular del equipo- futbolista que opacaba a nuestro protagonista que, por aquel entonces, solo era una sombra lejos de la titularidad.

Tiempo después, en octubre del 2013, llegaría al equipo el antes mencionado Sean Dyche, y cambiaría por completo, como todos sabemos, el rumbo del Burnley. Los “clarets” eran ese año un equipo aspirante al descenso que, no solo evitó las posiciones de forma holgada, si no que terminaría ascendiendo a la máxima categoría del fútbol inglés, la Premier League. Dicha proeza sería encabezada, por supuesto, por Sean Dyche y un Danny Ings que esa temporada marcó, nada más y nada menos, que 21 dianas.

Su primera temporada en Premier no fue, ni mucho menos, una decepción. Costó, por supuesto, que el ariete inglés repitiese las cifras goleadoras de la temporada anterior en una categoría tan exigente y lejos de repetir una hazaña tan memorable, marcó 11 goles que, aun así, fueron fundamentales para su equipo. Tanto potencial tenía el joven Danny que, habiendo jugado en las categorías inferiores de la selección, fue convocado con la absoluta de los “Three Lions”.

Danny Ings completes £20m Southampton movePotencial que también le valió a este joven de 23 años para llegar al Liverpool pre-Klopp, un incipiente proyecto lejos todavía de ser lo que es hoy, pero ya con ciertos mimbres. El fichaje de Danny fue anunciado en junio del 2015. Lo hizo además, llegando por una cantidad no demasiado elevada, unos 11 millones de libras. Una operación que parecía redonda para el Liverpool pero que, por circunstancias de la vida como veremos, no terminó resultando satisfactoria.

Sus primeros meses en el conjunto “red” fueron positivos, jugaba, marcaba y hasta disfrutaba. En octubre llegaría Jügen Klopp, una nueva oportunidad para crecer y demostrar. Tanto fue así que en el primer entrenamiento con el nuevo entrenador, el 15 de octubre, Danny se dejó la piel, quiso impresionar al “míster”, atendió, se esforzó y peleó por cada balón. Tal fue el ímpetu del atacante que en una jugaba puntual, tras controlar el esférico y apoyar mal la pierna izquierda, su rodilla hizo “click”; se sentó pero se volvió a levantar para continuar entrenado y afianzar su confianza con el nuevo entrenador. Pero el destino parecía contradecir al de Winchester. El informe médico diagnosticó una rotura en el ligamento cruzado. Danny ya había sufrido alguna que otra lesión de larga duración en su juventud, por lo que no le fue demasiado difícil recomponerse. Y eso que estuvo fuera de los terrenos de juego 210 días. Volvería justo para disputar la última jornada de aquella temporada.

El calvario acababa de comenzar y, apenas unos meses después volvió a sufrir una lesión de rodilla. En octubre del 2016, en un encuentro correspondiente a la “Carabao Cup” frente al Tottenham se rompió la rodilla derecha. Luchó, luchó y luchó como un loco por volver, por desgracia no pudo hacerlo hasta casi 365 días más tarde.

Casi tres años después de su primera diana con el conjunto “red” realizaría la segunda, en abril del 2018. 3 años de lesiones, rehabilitación y re acondicionamiento para el fútbol profesional en las que nunca perdió de vista su objetivo: volver para marcar de nuevo tantos goles como pudiese.

En verano del 2018 Danny y el Liverpool deciden separar sus caminos, Danny volverá, primero como cedido, mucho más maduro, mucho más hecho y mucho más fuerte al equipo que le vio crecer en su juventud; al equipo que apostó por el cuándo era un niño. Danny volvía para redimirse. Sus primeros meses fue dirigido por Mark Hughes, hasta la llegada de Ralph Hasenhüttl en diciembre del mismo año. Danny se ganó el puesto, jugó y marcó. 7 veces vio puerta esa temporada, era el principio de su regreso. El mismo jugador llegó a contar, como anécdota, que se había picado con Salah, con el que compartió vestuario en Liverpool, por ver quien marcaba más goles.

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Y de esa forma llegamos a la temporada 2019-2020. El club del sur de Inglaterra pagó 20 millones al Liverpool para hacerse con los derechos del jugador. Esta ha sido la temporada donde Danny Ings ha demostrado completa confianza en su juego y ha salvado al Southampton de, quien sabe, si un terrible final de temporada. Los “saints” no empezaron nada bien la temporada, la continuidad de Hasenhütll peligraba y la posibilidad de que el club descendiese a Championship crecía con cada derrota, la más humillante, ese 0-9 contra el Leicester de Brendan Rodgers. Pero el técnico austríaco continuó en el banquillo y el club parecía retomar su rumbo, los goles y asistencias de Ings tenían una importancia capital y, partido a partido su confianza se renovaba y su hambre crecía. 22 goles 2 asistencias y una implicación directa en aproximadamente el 43% de los goles de su equipo, son los números de Danny en Premier. Además goles de una bonita estética algo que, aunque completamente secundario nunca es algo que sobre. Lo más destacable, probablemente, es a los equipos a los que ha hecho gol, y es que contra los grandes se crece. Liverpool, Manchester City, Chelsea, Arsenal y Tottenham, han sido algunas de sus víctimas esta temporada.

Es una pena que la crisis sanitaria del COVID haya hecho que la Eurocopa no se pueda disputar este año, pues seguro Danny Ings, con un rol más o menos importante, habría contado con minutos en el torneo. Mucho más si tenemos en cuenta la negativa de Vardy para ser convocado con el combinado nacional dirigido por Southgate.

Pase lo que pase Ings tiene tan solo 28 años, ha sufrido y aprendido de la vida y el fútbol como pocos al máximo nivel. Tiene fuerza, tiene ganas y sobre todo es muy, pero que muy, amigo del gol, y eso los aficionados al fútbol inglés siempre lo valoramos.

Manuel Osuna