BRUNO FERNANDES Y EL ARTE DE LIDERAR

La figura del líder es esencial en un gran equipo. Ese jugador que, cuando las cosas se ponen feas, aparece como un héroe de película para salvar, en este caso, a un equipo que lleva años buscando el gen ganador que ha ido desapareciendo con el paso de los años.

Ni rastro queda del espíritu de los Colman, Charlton y Taylor. Aquella plantilla de ensueño que consiguió el campeonato nacional a finales de los 50, y que, lamentablemente, la tragedia de Múnich los paró. Más tarde, otra gran hornada de futbolistas hicieron historia en los ‘Red Devils’: Rooney, Scholes, Giggs y compañía. Jugadores que fueron referentes a nivel mundial. Que fueron reflejo para muchos clubes.

El alma máter que impulsó antaño ambas plantillas fue cayendo en picado durante años. Varias temporadas banales, dónde no podían hacer frente a sus vecinos. Tiempos nefastos para un club que estuvo acostumbrado a estar rodeado de títulos y halagos hasta que Sir Alex Ferguson dejó el banquillo.

Hasta que llegó el héroe sin capa que necesitaban: Bruno Fernandes.

Aterrizó en Gran Mánchester a finales del pasado mercado invernal por una cifra cercana a los 55 millones de euros. Se le había relacionado, incluso, con el Real Madrid. El luso, con un único objetivo en mente, decidió fichar por el club en horas bajas. Y ese objetivo se le ha quedado corto.

Apenas necesitó unos días para ponerse a tono, cuando, en sus tres primeras apariciones, ya sumaba un tanto y dos asistencias, cambiando el rumbo de un equipo que empezó a mirar a cotas más altas. Nueve victorias y cinco empates cosechó el equipo desde su debut. No perdió ningún choque, ganando, además, duelos directos por obtener la plaza de Champions League. El punto de inflexión fue tan notable que el propio Solskjaer decidió que Bruno iba a ser el capitán del barco. Un barco inexpugnable y con cierto aire del pasado ganador.

Bruno Fernandes en conducción (MARCA.com)

Algo más de un año después, el Manchester United es otro. Bruno cayó de pie en Old Trafford y demostró ser un jugador franquicia (en clave NBA). Más del 50% de incidencia en los goles de su equipo desde su llegada, más de una treintena de goles y veintena de asistencias; los números hablan por sí solos.

Y eso no es lo más importante, sino que no son estadísticas vacías. La efectividad de los diablos rojos se ha visto multiplicada con Bruno en el campo. Un jugador que juega y hace jugar. Astuto y capaz de echarse el equipo a la espalda, el luso es la viva imagen de la ‘revolución’ que ha tenido lugar en el noroeste de Inglaterra. Y eso Solskjaer lo sabe.

Los Rashford, Pogba, Martial y compañía ya tienen un referente a quién darle el balón en caso de apuro. Y, curiosamente, en detrimento del centrocampista galo, que ha asumido otro rol dentro del elenco para darle todos los galones a un Bruno que se los ha ganado merecidamente a base de trabajo, goles y mucho fútbol.

El luso se ha convertido en ídolo para la afición siendo la cabeza reconocible de este renacido equipo. Un equipo que esta temporada lucha por el título. ¿Cuántos años han pasado para poder afirmar eso?

Otro United yace en la ciudad. La otra cara de la moneda que fue lanzada en 2013, cuando los éxitos se convirtieron en errores, culpabilidad y miradas al pasado. Parece que aquellos oscuros años han quedado atrás. Un tipo espigado y algo encorvado ha devuelto la ilusión a una afición que soñaba con aquellos tiempos dorados. “Good Old Days”, al ritmo de Macklemore.

Marcelo Ramírez